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21, algo más que una cifra

En los últimos días hay un número que ha copado titulares en gran cantidad de medios de comunicación y redes sociales, y del que no me he podido separar, como amante de los números: el 21. La trascendencia mediática de esta cifra ha venido a colación de los veintiún Grand Slam ganado por nuestro GOAT Rafa Nadal.

De repente, este impulso mediático hizo que en mi mente empezase a brotar la cifra 21 con tal ímpetu que sólo era capaz de visualizar esta cifra, ninguna otra; un goteo incesante de veintiunos que me cifraban realidades presentes en nuestra vida; el 21 eran los Gran Slam alcanzados por Rafa, pero también eran…

… los gramos que se cree que pesa el alma

… los órganos que tenemos en nuestro cuerpo

… un eslabón en la sucesión de Fibonacci

… el siglo en el que vivimos

… el juego del Blackjack

… o los días que (dicen) tardamos en adquirir un nuevo hábito

Pero lo que más me cautivó de esta cifra no fue el desfile de representaciones que os acabo de relatar, sino el conjunto de asociaciones que de repente iluminaron y entrelazaron mis pensamientos, diría que de una manera enigmática pero también aprendida: los números nos evocan significados.

En mi entramado neuronal esta cifra no solo dimensionaba y contabilizada estas identidades numéricas, sino que empezó a dibujar la historia de lo que representa el 21 en nuestras vidas. Me di cuenta de que este número está presente en la esencia de lo que somos; el 21 es cuerpo (21 órganos) y es alma (21 gramos que pesa). Es la materia y la forma, como describe la teoría aristotélica.

Pero también, con su aportación “cromosómica” en la serie de Fibonacci, contribuye a dar forma a la belleza del mundo que nos rodea: en la naturaleza, con su cuidada presencia en multitud flores y plantas (observar la disposición de los pétalos de una rosa o la flor del girasol, por citar algunos ejemplos), o en el arte, con su excelsa vinculación a la proporción aúrea, (el número de oro Φ): un patrón de belleza que vemos reflejado en icónicos cuadros como la Gioconda o las Meninas, o en construcciones como el Partenón.

El veintiuno, al instante, también me ofreció un significado vinculado a las diversas rutas de afrontar la vida: es la manera de jugar a ganar o perder a través del riesgo y el azar - representado por el Blackjack – pero también es la otra cara de la moneda; la manera de afrontar la vida no desde la suerte de una buena jugada, sino desde el trabajo, el esfuerzo y la constancia que se codifica en un cuerpo y en un alma como el de Rafa Nadal.

Un veintiuno aterrizado en un siglo de cambios tremendos desde lo macro (globalización, desarrollo digital, crisis financieras, covid-19…), pero también desde lo micro, si somos capaces de adaptar nuestra vida a nuevos retos diarios para los cuales solo necesitaremos tres semanas.

En definitiva, el 21 empezó a esbozar en mi mente un mundo de significados que iban más allá de aquel número compuesto de dos cifras que dicta una cantidad superior a 20 e inferior a 22; me recreó una forma de relacionarme con los números que no era más que un reflejo de cómo hacemos y sentimos nuestra profesión en Punto de Fuga: no sólo nos quedamos con lo tangible del número sino también buscamos su intangible, el storytelling que relata su derivada existencial, sus porqués. Una búsqueda aprendida fruto de la hibridación que forma parte del ADN de Punto de Fuga, de la mirada cuantitativa y cualitativa que se suman y abrazan con el objetivo de extraer los relatos que dan vida a las cifras y que, como objetivo prioritario, ayudan a dar respuesta a las inquietudes que las marcas nos ponen sobre la mesa

Ah, se me olvidaba: acabo de cumplir 21 años en esta profesión. Como os podéis imaginar, no es un dato sin más; es una línea temporal que recoge años de esfuerzo, alegrías (las más), sinsabores (los menos), amistades, conocimiento, crecimiento, disfrute, pasión… efectivamente: el 21 es algo más que una cifra

Alberto Plazas

Account Director

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