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Los Borrachos de Velazquez

Hace unos días me invitaron a dar una sesión de formación sobre el análisis y la función del analista; aunque estaba centrada en el análisis del discurso cualitativo, se puede extrapolar y aplicar perfectamente a otros tipos de discursos, disciplinas o contextos: big data, sistemas, datos cuantitativos, inteligencia económica, fenómenos sociales etc, etc. No cabe duda que la palabra analista está de actualidad y se demandan analistas en multitud de disciplinas

Me pregunté qué se puede decir de nuevo en cuanto al análisis, más allá de lo mucho que ya se ha dicho . Recurrí para transmitir mi experiencia en este tema a dos áreas aparentemente lejanas: la pintura y el vino.

Primero de todo, pasé por el diccionario. Análisis proviene del prefijo griego “ana” (enteramente, de abajo arriba, de nuevo) y “lysis“ (disolución). Se trataría de descomponer una materia, un discurso, un fenómeno social  en sus componentes fundamentales y las causas o relaciones que  los constituyen . El prefijo “ana” aporta mucho para entender la acción de analizar: nos quiere decir  en su totalidad, en todas las direcciones, volviendo a repetir el análisis una y otra vez..

Hace unos meses Caixa Forum organizó una exposición sobre Toulouse Lautrec. La visita guiada fue repasando las diferentes etapas del pintor relacionándolas con otros pintores de la época señalando las influencias mutuas. En un momento del recorrido llegamos al cuadro “Mesalina” de Toulouse Lautrec. Es un cuadro colorista, vivo, con una temática histórica y palaciega, que contrasta con la recurrencia a los clubs de alterne, a las prostitutas como personajes protagonistas y a los colores apagados, ocres, negros  de las etapas anteriores del pintor. La guía, excelentemente preparada, nos invitó a contemplar el cuadro. A continuación para entender la diferencia tan marcada entre la etapa anterior y este cuadro, nos explicó qué le había ocurrido al pintor.

Toulouse Lautrec fue hijo de nobles; de pequeño padeció una enfermedad ósea, que le impidió llegar al metro y medio de estatura. La vocación de pintor le llevó a vivir en el barrio de Montmatre parisino. Le gustaba la vida nocturna, los cabarets, la absenta… ; en muchos de sus cuadro refleja la vida de las prostitutas en el París de finales del siglo XIX. En 1897, el exceso de alcohol le provoca un delirium tremens, es ingresado en un sanatorio y tratado con electroshock. Este tratamiento le provoca un estado “happy”: ausencia de preocupaciones, angustias, culpa… ; llamémoslo  estado vegetativo. Y es en esta época cuando pinta el cuadro Mesalina (de los bajos fondos parisinos, de la prostitución, de la pobreza, … pasa a pintar un palacio, una emperatriz,  soldados romanos, todos ellos ricamente ataviados).

Esto que relato del cuadro de Toulouse Lautrec es lo que yo entiendo por análisis e interpretación; un discurso, una comunicación publicitaria, un conjunto de datos, un cuadro… en sí mismos son algo incompleto, desnudo, sin sentido; es necesario un ejercicio de conexión, de relación, de construcción para que cobre sentido.

Hoy en día existen cantidades ingentes de datos, de información a disposición de las instituciones y de las empresas. Facebook, Google, Telefónica … disponen de herramientas capaces de almacenar billones y billones de datos e informaciones, pero que de una forma bruta, sin análisis, sin interpretación, más que ayudar abruman y deprimen.

Como en el ajedrez, el sentido de un dato, de un discurso, de un mensaje, lo proporciona el contexto y la circunstancia. Por muchos terabytes de información que cualquier red social nos pueda proporcionar, si no los relacionamos con las tendencias, valores, preocupaciones y ocupaciones, comportamientos, deseos y aspiraciones que se dan en nuestro mundo, en nuestra sociedad, en nuestro circulo de amigos, en nuestra familia y en nuestra intimidad como individuos, de poco nos servirá. El verdadero sentido de los datos y de la información está en la relación, en la conexión, en ponerlos en contexto y en circunstancias. Analizar es conectar, asociar, relacionar, contextualizar, reconfigurar, reestructurar, deconstruir y construir para dar sentido, dirección y significado a las cosas.

El vino, y la aparente sencillez que encierra una copa de vino, encierra siglos de historia, complejidad, variedad, paciencia, tiempo, dedicación, cariño; en un vino de calidad influye el tipo de agricultura que se lleve a cabo (tradicional, ecológica, biodinámica…) la variedad de la uva con la que se elabora, la climatología, la zona y la altitud, el terreno y la vegetación, la antigüedad de los viñedos, la vendimia y la selección previa de los racimos, el tipo de barrica utilizada (roble francés, americano, español), la intensidad  de tostado, etc. Estas variables (datos) bien conectadas, a su tiempo, y en su justa medida dan como resultado un gran vino. Todo esto lo podemos observar, constatar a simple vista. Pero mientras el vino envejece en la barrica y posteriormente en botella para pasar de vino joven a crianza o reserva, se producen cambios químicos que no son observables: mediante el proceso de microoxigenación pequeñas partículas de oxigeno pasan a través de la madera al vino y se unen a dos componentes - taninos  y antocianos - responsables del color, sabor y estabilidad del vino.

Sin las micropartículas de oxígeno, los taninos tienden a unirse con otros taninos, se solidifican y se precipitan al fondo; los antocianos son muy volátiles y difíciles de retener (si se volatilizan, el vino pierde color y estabilidad); al unirse el oxigeno con los taninos se impide su solidificación y al unirse con los antocianos, se impide la volatilidad. El resultado es un vino con sabor, con color, equilibrado y estable.

Hoy en día los laboratorios químicos hacen maravillas. Y puedes rápidamente conseguir un sabor (a vainilla, a menta, a roble, a malta…) y color intenso incorporando un producto químico. Pero no se consigue el equilibrio, la estabilidad, la redondez en suma del proceso que se da en la barrica. ¿Cuál es el gran secreto? el tiempo.

A este proceso es al que yo llamo análisis vertical: al que profundiza, retiene, silencia, calla, reflexiona, escucha…y le da tiempo. Tiempo que no tenemos y las empresas no tienen. Y por eso demandan analistas de todo tipo, pero urgidos por el timing y las prisas, y más que ejercer de analistas se convierten en químicos.

En su dimensión horizontal, el análisis es asociación, conexión, relación, deconstrucción y reconstrucción, reestructuración… de la información, de los datos, de la realidad, de los elementos con los que contamos.

En su dimensión vertical, el análisis es interiorización, reflexión, silencio, paciencia, tiempo… Es esta dimensión vertical la que más falla en nuestro tiempo y en nuestra profesión de analistas. Porque contamos con datos, hechos, cifras, discursos… bien fundamentamos pero nos falla el espacio/ la atmosfera donde desarrollarse y transformarse.

Del vino, aparte del disfrute que proporciona su sabor, su aroma, sus matices de color y su historia, he aprendido el valor del tiempo (del ”tempo”), del silencio, de la paciencia; de la importancia de los procesos que se ven y también de los que no se ven; he aprendido que todo cuenta y en los detalles está la grandeza; y que cuando uno se acostumbra a un vino de verdad es difícil que las imitaciones provoquen la misma satisfacción.

Mauro González Hernando

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