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La nueva era de la revolución tecnológica ya llegó, y yo esperando a que avisara

Lunes. 07:15 de la mañana. Suena el despertador. Aún con los ojos pegados por haber descansado poco me levanto de la cama. Ha sido un gran fin de semana, pero tanta fiesta pasa factura. El viernes quedé con mis amigos para cenar algo. La velada derivó en una discoteca y, ya sabes, se alargó hasta la madrugada. Conocí a gente muy interesante, seguro que nos volvemos a ver. Algunas personas con las que hablé procedían de países muy distintos, ¡menos mal que el idioma ya no es una barrera!

El sábado los planes no fueron tan improvisados. Había un concierto del grupo del momento y entradas para ir. ¡Qué exitazo! Nunca había visto tanta gente junta. Tenía miedo de que la acústica fuera mala, pero nada más lejos de la realidad. Pensaba que, con tanta gente, apenas vería a los cantantes y los efectos de iluminación, ¡pero era como estar en primera fila! Cosas de la tecnología. Todo el mundo salió encantado de la performance.

El domingo fue más tranquilo. Nos juntamos por la tarde para jugar a juegos de mesa. Al principio, nos costó elegir entre tantas alternativas, pero una votación lo resolvió todo. Nos decantamos por el póker. No estuvo mal, pero aún quedan cosas por mejorar. Las expresiones de los participantes a ratos eran poco naturales y, ya sabéis, en el póker la comunicación no verbal es la clave.

Mientras recordaba el gran fin de semana, me duchaba y desayunaba. Ha llegado la hora de ir a la oficina y trabajar un día más. Me pongo las gafas y los cascos. Los conectados a la corriente. Pulse the button of turn on. Ahí están mis compañeros. Juan se ha cambiado el pelo, ¡ahora es morado! Me cuenta que ha oído que el metaverso transmitirá los olores en su próxima actualización. Vaya fastidio, me tendré que duchar más a menudo.

Mientras planifico con mis compañeros el próximo focus group en el metaverso, oigo un ruido extraño. Se escucha bajo, lejano, frío. No suena a través de los cascos. Pongo a mi avatar en pausa y desconecto. Es un sonido parecido al despertador…pero distinto. Ya he oído ese sonido antes, cuando era pequeño. ¡Es el timbre! Bajo corriendo. ¿Por qué sonará el timbre? Abro la puerta. ¿Acaso alguien ha llamado? Levante la mirada. No sé cómo reaccionar. Hace años que no me veo en esta situación. El vecino, un señor mayor, necesita ayuda. Me habla cara a cara con total naturalidad. ¿Cómo debo saludar? ¿Cómo responder? Hace años que no tengo contacto con nadie fuera de la meta-realidad.”

Podría parecer que la realidad antes descrita se corresponde, sin lugar a duda, con una quimera o fantasía, objetivo reciente de las grandes tecnologías, pero aún lejana. Recelosos algunos, ilusionados otros, expectantes el resto, seguimos en nuestros dispositivos el lento avance de esta realidad que dista mucho de la nuestra. El Metaverso lo llaman. Las más grandes tecnológicas (véase Facebook, ahora Meta) despliegan todos sus avances y lo muestran en el reciente Mobile World Congres (MWC). Parece que el Metaverso está dispuesto a tirar la puerta abajo. Ante esta avalancha tecnológica que promete modificar nuestras formas de entretenimiento, nuestra forma de relacionarnos y, en última instancia, nuestra realidad, cabe preguntarse: ¿Cómo evolucionará la sociedad ante esta situación? ¿Cuál será el impacto en el tejido empresarial? ¿Qué adaptaciones deben hacer las empresas para satisfacer las nuevas necesidades de esta¿nueva sociedad?”?

Si bien es cierto que, no en pocas ocasiones, cuesta diferenciar entre la realidad aumentada, presente en nuestras vidas desde hace años, y la realidad virtual, germen de lo que hoy se empieza a conocer como metaverso, la realidad es que esta nueva sociedad que se relaciona en el metaverso es un hecho desde hace varios años, y que ya son muchas las empresas -sobre todo el sector del entretenimiento, pero no solo- las que se han adaptado a las nuevas circunstancias. ¿O acaso olvidamos que hace ya muchos meses se ofreció el primer macro-concierto de Travis Scott en un entorno virtual, como fue el caso de Fortnite? Y no olvidemos que aquel fue un éxito en todos los sentidos: asistencia de 12,3 millones el pasado 2020 (en 2019, en el concierto de Marshmello, ya se consiguió reunir a 10,7 millones de usuarios), suculentos beneficios obtenidos directamente del juego, además de los beneficios que se generaron por la publicidad -de aquellas empresas que, adaptándose a las nuevas circunstancias, vieron la oportunidad de promocionar sus productos-. Como estamos viendo, cada vez son más las empresas que apuestan por dirigir sus campañas a estas realidades virtuales, que se aproximan poco a poco, pero sin pausa, a la realidad del metaverso.

Pero debemos tener en cuenta que el metaverso está empezando a estar presente no solo en el sector del entretenimiento sino en otros más cotidianos como el laboral.

Debido al efecto de la pandemia, algunas de las grandes tecnológicas están apostando por dirigir al mundo hacia un paso más allá del teletrabajo, impulsando el meta-trabajo; una forma de relación laboral, de comunicación y colaboración en un entorno virtual en el que puedes introducirte en un mundo virtual con tu avatar laboral, desde el lugar que quieras, para desempeñar tu labor profesional. Y eso, sin lugar a duda, requiere una evolución aún mayor de las empresas ante las nuevas necesidades ya no solo de sus clientes, sino también de sus empleados. Todo ello hace imprescindible realizar estudios y análisis de esta realidad cambiante -“líquida” como bien señaló mi compañero Carlos Claver en un post reciente - poniendo el foco de la investigación de mercados en esta fantasía no tan lejana que, en cierta medida, ya es la actualidad. En definitiva, estamos sentados en el sofá esperando ver cómo la nueva revolución tecnológica llama a la puerta cuando, en realidad, entró por la ventana hace ya varios años.

Yo, de momento, ya me estoy preparando: esta reflexión no la he escrito yo, sino mi avatar. 

El Avatar de Paula Pascual

(también Account Manager)

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