Actualidad

PFinsights #32: ¿Propósito de nuevo año? Cuidar de mi bienestar

PFinsights #32: ¿Propósito de nuevo año? Cuidar de mi bienestar

Enero siempre llega con la misma liturgia: agendas recién estrenadas, altas en el gimnasio, listas de “este año sí”… y esa sensación colectiva de que el cambio está a una decisión de distancia. Pero cuando miramos el dato —sin épica y sin filtro— lo que aparece no es tanto un país lleno de planes, sino un país lleno de intención.

Porque en España, más que “propósitos”, lo que abundan son buenas ideas: un 46% reconoce que tiene “ideas generales” sobre lo que quiere para el año; un 32% directamente no se pone objetivos; y solo un 22% dice fijarse metas concretas

La fotografía no es la de una sociedad desmotivada. Es, más bien, la de una sociedad fatigada. Y eso lo cambia todo: no renunciamos a mejorar, pero sí renegociamos el esfuerzo que estamos dispuestos a sostener en el tiempo.

Además, la relación con el propósito no es igual para todos:

  • Boomers: son quienes menos objetivos se ponen (en su caso, el “no me pongo objetivos” sube al 53%). 
  • Generación Z: son quienes más declaran fijarse objetivos concretos (suben al 31% frente al 22% general). 

Una pista interesante: los más jóvenes apuntan más alto… pero también chocan antes con el día a día.

¿Qué nos proponemos? El giro hacia lo vivencial

Si había una época en la que el Año Nuevo se llenaba de objetivos “materiales” (comprar, tener, acumular), hoy el ranking cuenta otra historia: lo que más buscamos es sentirnos mejor y vivir más.

El TOP 3 de propósitos en España es claro:

  1. Practicar deporte (46%)
  2. Cuidar el bienestar emocional (45%)
  3. Viajar / ver mundo (42%

No es menor: deporte + salud emocional + experiencias. Es decir, cuerpo, mente y horizonte.

Y cuando bajamos al detalle aparecen matices igual de reveladores:

  • El bienestar emocional pesa especialmente entre mujeres (53%). 
  • Estudios (24% en total) se dispara en Gen Z hasta el 51%: para ellos, el futuro no es un deseo abstracto; es una preocupación práctica. 
  • Trabajo (34%) y economía (34%) ganan tracción en millennials (40% y 42% respectivamente). 

El consumidor se está moviendo del “tener” al “estar”. Menos promesa aspiracional y más necesidad de equilibrio.

Decimos que sí… pero firmamos a medias

El dato más humano de toda la infografía no es el de lo que deseamos, sino el de lo que realmente conseguimos sostener.

  • Un 38% suele cumplir la mitad (50%) de sus objetivos.
  • Un 33% llega al 75%.
  • Solo un 6% cumple el 100%.
  • Y un 10% no cumple ninguno

Y de nuevo, encontramos diferencias por generaciones:

  • Boomers aparecen como los menos cumplidores (19%). 
  • Quienes más alcanzan el 100% son hombres (9%) y Gen Z (14%), por encima del 6% total. 

No necesariamente porque tengan más “fuerza de voluntad”, sino porque a veces el éxito no depende solo de querer: depende de cómo encaja el objetivo en tu vida real.

Lo que nos frena no es la falta de ganas

Si el imaginario clásico del propósito fallido era moral (“no tengo disciplina”), aquí la lectura es distinta: es logística.

Los principales frenos son:

  • Falta de tiempo (28%)
  • Cambios del día a día (27%)
  • Cansancio (24%)
  • Falta de dinero (23%)
  • Falta de constancia (21%)
  • Falta de motivación (17%)
  • Objetivos poco realistas (5%) 

Y el foco generacional vuelve a ser clave: Gen Z encuentra más barreras (tiempo, dinero, motivación…), con picos como falta de tiempo (36%) o falta de dinero (30%)

En un contexto donde la vida va rápida, la atención está fragmentada y el cansancio se normaliza, lo extraordinario ya no es proponerse algo. Lo extraordinario es mantenerlo.

¿Qué significa esto para marcas y experiencias?

Si el propósito se ha vuelto experiencial y el freno es la fricción cotidiana, el reto para las marcas no es inspirar más (que también), sino facilitar mejor.

Algunas pistas que deja esta lectura:

  • Diseñar para la falta de tiempo: soluciones “pequeñas”, modulares, que no exijan una reforma vital para empezar.
  • Convertir constancia en acompañamiento: recordatorios útiles, progresos visibles, recompensas realistas, sensación de avance.
  • Bajar el coste de entrada (económico y mental): formatos flexibles, escalables, que permitan “probar” sin comprometerse a lo grande.
  • Experiencias como válvula de escape: si viajar y vivir “algo” está en el top, no se trata solo de turismo: es la búsqueda de desconexión, sentido y cambio de escenario.

Porque hoy el consumidor no está pidiendo “más ambición”. Está pidiendo más viabilidad.

Descargar más información